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domingo, 20 de diciembre de 2020

Iker Jiménez: un Quijote del siglo XXI

 


 No es ningún secreto que actualmente el periodismo está, cada vez más, de capa caída. Se nota mucho -demasiado- cuando un medio o algún periodista de ese medio barre para un lado o para otro, y de hecho la mayoría de ellos no tratan ni siquiera de disimular. Vivimos unos tiempos en los que la mayoría de medios de comunicación son una herramienta más para favorecer o entorpecer a unos u otros poderes, en lugar de servir para informar imparcial y objetivamente a los ciudadanos, que es para lo que en teoría existen.

 

Este servilismo sectario claramente enrarece y enturbia la información que se publica, provocando que sea sesgada por uno u otro lado, según convenga. Y, por supuesto, nada tiene que ver con la auténtica misión del periodismo: mostrar la realidad diaria, poniendo de relieve lo bueno o malo que haya que poner tanto si es de un lado como de otro, y sin dejarse llevar por temas ideológicos. El hecho de estar, de algún modo, sometido a una determinada corriente, o una forma de pensar, es realmente triste ya que impide algo fundamental: ser libres para contar lo que hay que contar. 


Sin embargo, hay honrosas excepciones, entre las que yo cuento a Iker Jiménez, protagonista de esta pequeña reflexión que hoy me apetece escribir en este humilde blog personal. Nunca se ha "casado" con nadie en cuanto a sacar a la luz temas u opiniones incómodas. No se ha dejado intimidar por las presiones-que las ha tenido- de ciertos grupúsculos de personas que han intentado derribarlo por todos los medios. Aprovechando el maldito sanbenito de ser "el de los misterios", ha habido mucha gente que, por sistema, ha tomado a guasa el trabajo de este periodista de raza, de los que ya casi no quedan. 


El hecho de tocar en sus programas, entre otras muchas cosas, lo paranormal, ya convierte- para muchos - a Iker Jiménez en un "friki" al que se puede ningunear y del que puede uno reírse e incluso insultar. Dicho sea de paso, nunca entenderé por qué creer en el más allá, en otra realidad superior a esta, o en definitiva en que existe algo más aparte de lo que vemos a simple vista, puede ser motivo de burla o desprestigio. Por otro lado, en ningún momento afirma categóricamente que exista esto o aquello en sus programas, ni trata de convencernos a nadie. Simplemente expone posibilidades en base a lo que han investigado, y deja que cada uno juzguemos en nuestras casas.

 

Pero es que lo curioso, y una de las muchas cosas que hacen a Iker Jiménez distinto, es que pese a que la temática misteriosa y oscura forme parte de los palos que toca, hay muchos otros asuntos que ha abordado siempre. Sin embargo, la coletilla de ser "el de los fantasmas", "el de las psicofonías", y un largo etcétera similar es algo que para muchos ya ha quedado unido indefectiblemente a este hombre. Pero, lejos de ser así, la fascinación por todos los temas, y -como él mismo dice- saber mantener la ilusión y el alma de niño hace que no tema abordar cualquier asunto, sea el que sea. Precisamente ese también es uno de los objetivos de mi podcast, Los Hilos de la Tramoya: demostrar que el misterio es mucho más que los temas clásicos, y que pueden hallarse misterios realmente interesantes en muchas otros asuntos.

 
De hecho - y ya lo he dicho en múltiples ocasiones - Iker es para mí y para muchos la inspiración para llevar a cabo muchos de los proyectos que estoy llevando adelante. Sin el ya mítico Milenio 3, que rompía semana tras semana los límites de audiencia, es muy probable - casi seguro - que no me hubiese animado a hacer mi propio podcast. Milenio 3 me enseñó a amar la radio como nunca antes. Me enseñó lo que una voz puede llegar a transmitir, la brutal fuerza que tiene el tándem voz-música, y cómo eso te puede transportar. Nunca he tenido demasiados ídolos, pero Iker se ha ganado a pulso ser uno de ellos. Su forma de hacer periodismo - el auténtico periodismo, el que no busca hacer amigos sino informar - y a la vez su voz calmada, me han enseñado que aún quedan quienes aman de verdad la comunicación, y no están ahí por agradar a nadie. 
 

 
 
En su faceta televisiva, con Cuarto Milenio, ha marcado récords absolutos de audiencia, siendo el programa más visto de Cuatro. Ha abordado múltiples temas (ciencia, astronomía, cultura, historia, e incluso viajes de realidad virtual...), que nada tienen que ver con fantasmas, aunque por supuesto los temas clásicos también ha tenido su espacio aquí. Y es que, como digo, Iker no se cierra nunca a tratar ningún tema, al contrario de lo que muchos dicen. Otro detalle fundamental es que Iker lleva a sus programas a gente con todo tipo de opiniones. No es un sectario que solo entrevista a personas con unas determinadas opiniones o dogmas. Todo el mundo tiene cabida, siempre desde el respeto, claro está. Es por ello que etiquetar a Iker o a sus programas como "de fantasmas", es sencillamente demostrar que, como mucho, solo viste una noche el programa. Pero es que claro, es tan fácil meterse con alguien estando parapetado tras una pantalla y un teclado...
 
 

 
Aunque hace años era reticente a usar por sí mismo la tecnología, poco a poco ha ido sabiendo adaptarse a los tiempos modernos con ayuda de su equipo, aunque sin dejar de recordar todo lo "retro". Prueba de ello es que, por un lado, hace Milenio Live, un programa que se emite en directo los viernes noche en YouTube desde su propia casa, y a través del cuál sus colaboradores (antes de la maldita pandemia del Covid), acudían a investigar en vivo a múltiples sitios, y también lleva a cabo locuras más personales como "Retrofútbol", donde recrea partidos míticos junto a su cuñado con el Pro Evolution Soccer y la PlayStation. 
 
 

 
 El polifacetismo que tiene este hombre es algo realmente interesante. Eso de que mantiene el alma de niño no se queda solo en un mero eslógan o frase motivadora, sino que lo cumple de verdad. Cuando descubre algo, sobre todo a nivel tecnológico, se "obsesiona" (en el buen sentido) y no para de compartir sus impresiones con el resto de los milenarios, principalmente a través de su perfil oficial en Twitter. Ya sea experimentando con una mesa de mezclas y su música "no apta para cuerdos" como el mismo la suele llamar, ya sea descubriendo las casi infinitas posibilidades que ofrece la realidad virtual, ya sea manejando todo el aparataje que han tenido que instalarle en su casa para poder retransmitir a través de YouTube...
 
 
 
Haga lo que haga, siempre tiene ese brillo de quien tiene la mente abierta a nuevos conocimientos, algo absolutamente positivo y necesario para saber reinventarse año tras año, y conseguir seguir siendo uno de los periodistas españoles más influyentes de las últimas décadas. La hiperactividad de Iker Jiménez es un hecho, lo cual para quienes lo seguimos es algo bueno, ya que nunca sabemos qué nuevo proyecto anda maquinando ni con qué nos va a sorprender cuando menos lo esperemos. 





 
La pandemia nos ha afectado a todos, incluso a un programa intocable de la parrilla de programación de Mediaset como es Cuarto Milenio. Nunca hasta este año se había tenido que interrumpir la emisión de los programas, y, sin embargo, sucedió. Iker, en un gesto que lo honra, tomó la decisión de no grabar nuevos programas para intentar, en la medida de lo posible, que nadie del gran equipo que lo rodea se infectase por tener que ir al plató y cruzarse con los demás. 


Esto, lejos de suponer unos meses de pausa y descanso para el periodista, hicieron que su mente, siempre inquieta, "maquinase" otra de sus ideas. Así, de un día para otro, Jiménez se sacó de la manga "La estirpe de los libres", un programa personal, también emitido en YouTube, pero que nada tenía que ver con Mediaset, quien en cambio sí lo respalda para hacer Milenio Live así como también, evidentemente, Cuarto Milenio. Fue alternando este programa durante la semana, con Milenio Live los viernes y, en definitiva, no estuvo nunca parado. 


En todos sus programas dio espacio casi exclusivo al tema del Covid desde el principio. Se obsesionó (vuelvo a usar el término en el buen sentido) con saber más y más del coronavirus, dedicándole cientos y cientos de horas de sus programas, que se pueden consultar perfectamente en Internet. Cuando  en Febrero muchos aún se tomaban esto a guasa, como una simple gripecilla, e incluso desde las autoridades sanitarias se nos decía que, "como mucho, habrá dos o tres casos", Iker y los expertos de los que se rodeaba ya avisaban que lo que estaba por venir era gordo y podía causar una auténtica sangría. 
 
 
"¡Ya está el magufo de Iker alarmando, hay que ver lo que hace por ganar audiencia!", decían algunos. 
 
"Deberían quitarle los programas a Iker por meter miedo, ¡no todo vale!", clamaban otros.
 
 
Sin embargo, semana a semana se iba comprobando que todo lo que se decía en las múltiples emisiones que hacía el periodista se iba cumpliendo. Se aconsejó que se comprase comida y víveres para estar confinados en casa un largo tiempo, y poco después las autoridades decretaron el estricto confinamiento que ya todos conocemos. Se dijo que las UCIs se colapsarían, y sucedió. Se alertaron de gravísimos síntomas derivados del coronavirus que podían llegar a ser mortales. Todo se cumplió. No solo eso, sino que llegó un punto en el que ni siquiera había ataúdes suficientes para enterrar a todos los que iban muriendo. 
 
 
Cuando esos que se tomaban a chiste lo que se decía desde los programas de Iker vieron que el periodista hizo pleno, usaron la excusa fácil: "¡bueno claro!, es que si siempre estás metiendo miedo con que va a venir esto o aquello, alguna vez tienes que acertar..." 


Lo dicho: como ya comenté antes, lo importante es despreciar "al de los misterios", aunque tenga razón. ¿Cómo va a admitirse que un periodista, que ha llevado a auténticos expertos en el tema, anticipó algo de lo que no fueron capaces nuestros políticos gobernantes? ¡No, por Dios! Como no podía ser de otro modo, rápidamente salieron los periodistas de estómagos agradecidos, con panfletos afines al gobierno, a escribir artículos poniendo a caer de un burro a Iker Jiménez. Que si Iker es de "extrema" derecha, que si es fascista, que si esto, que si lo otro...
 
 

¡Cómo les escuece a algunos ver que están estancados mientras otros tienen éxito! Por eso tienen que recurrir a lo fácil: hacer artículos de absoluto clickbait, criticando a alguien grande que está en su mejor etapa para así intentar arañar algunas visitillas a sus artículos. Es la triste estrategia de los mediocres, quienes solo saben intentar triunfar a base de intentar hundir a otros que están por encima de ellos. Auténticos carroñeros que desprestigian una profesión tan digna como es el periodismo. 
 
 

 


Además de las decenas de emisiones de Milenio Live analizando pormenorizadamente el día a día de este fatídico virus, Iker Jiménez arrancó de nuevo Cuarto Milenio (tras el parón que ya comenté antes), con un especial titulado "Origen", donde personalmente Iker visitó un laboratorio de alta seguridad. Allí le enseñaron en vivo una muestra del coronavirus, y cómo este va destruyendo a quien infecta con total voracidad. La demostración de que estamos ante algo, sea artificial o no, de una agresividad inusitada y ante lo que no podemos bajar la guardia. 



A la semana siguiente vino "Horizonte", la segunda parte del especial. Aquí, ya de nuevo en la clásica mesa de debate del plató de Cuarto Milenio, Iker reunía a la creme de la creme de los expertos para debatir, precisamente el horizonte de la situación, es decir, cómo afrontar la situación que iba a generarse debido a esta pandemia. 


Ambas emisiones tuvieron tanto éxito, que Mediaset decidió darle a Iker Jiménez un espacio propio, esta vez en Telecinco, dedicado íntegramente a hablar del coronavirus. Se llamaría "Informe Covid", y ahí sigue, teniendo grandes datos de audiencia cada semana, y, estoy seguro, salvando muchas vidas, que es lo más importante. Mucha gente, desde el inicio de todo esto, hizo caso de los consejos de Iker Jiménez y su equipo, y muy posiblemente gracias a eso hoy siguen con vida. 
 
 

 
De hecho, un policía que acudió invitado a Cuarto Milenio recientemente tuvo el detallazo de regalarle a Iker una medalla, como agradecimiento por la ardua y sinigual labor realizada. Dicho sea de paso, me parece brutal que el único reconocimiento material que ha tenido hasta el momento Iker Jiménez haya sido de un policía invitado a su programa. Los gobernantes no han hecho, y me temo que no harán, nada por destacar la labor de este periodista. Pero, sabiendo cómo funciona todo, ya ni me sorprendo...



 En definitiva, quiero que este artículo sirva, dentro de mis humildes posibilidades, para reconocer, no ya el inmenso trabajo llevado a cabo para ayudar a sobrellevar la actual pandemia, sino también para poner en valor la carrera que ha tenido este gran periodista. Alguien que desde bien joven ya luchó por sus sueños, que no le importó lo que otros dijeran o las zancadillas que le pusieran. Alguien que es un ejemplo para mucha gente (yo incluído), y no solo para gente que amamos el misterio, sino para ver cómo es un auténtico periodista, se dedique al tema que se dedique. 
 
 


Gracias, Iker Jiménez. Gracias por ser tu mismo y no dejarte moldear en esta sociedad en la que lo normal es hacer lo que te indican que debe hacer. Gracias por no querer ser una oveja más dentro del redil. Gracias por demostrar que es fundamental saber pensar por uno mismo y no quedarnos con lo que oficialmente se nos cuenta. Gracias por, en definitiva, no ser como los demás. 





Un auténtico soplo de aire fresco entre tanto aire enrarecido. Gracias por ser un quijote que lucha contra los molinos y va contracorriente.


Atentamente:

Entidad Oscura (@EntidadOscuraOf)
 

 

 



 

 



miércoles, 15 de enero de 2020

Un año sin Paco Pérez Abellán




Tan importante como dominar una materia, es saber transmitirla a los demás, de forma que te entiendan, incluso cuando esos que te escuchan no son expertos en el tema. Algo que en principio puede parecer de perogrullo, y obvio, no lo es tanto cuando lo llevamos a la práctica. En muchas ocasiones, hay quienes saben muchísimo de un tema pero a la hora de tratar de hacerse entender, fallan. Quizás simplemente no saben imprimirle la debida emoción a lo que están contando, quizás pecan de demasiado uso de terminología farragosa, argot que solo entiende quien lo está contando, y, por qué no, una forma desapegada de contar las cosas, como quien está leyendo un papel o un teleprompter en televisión.

Sin embargo, Paco Pérez Abellán, además de tener un vastísimo conocimiento en su materia, la criminología, sabía contar las cosas de modo que realmente, cuando explicaba algo, te hacía sentir como si lo estuvieras viviendo, hasta el punto de emocionarte. Es más, no necesariamente hacía falta que acudieses a una de sus charlas presencialmente, sino que era capaz de transmitirte todo eso incluso a través de la televisión o la radio, estando a cientos o miles de kilómetros de ti. 

En sus innumerables intervenciones en los medios defendía con ahínco sus posturas y lo que él realmente creía. Paco no era amigo de quedar bien, ni mucho menos. Defendía con absoluta e hipnótica vehemencia su opinión, sin importarle que esta se saliese de lo oficial. Y es que, en mi opinión, estas personas, que no siguen al rebaño en sus profesiones, son las que realmente demuestran lo que significa apasionarte por lo que crees hasta las últimas consecuencias. 

Esta rebeldía, el no aceptar siempre lo que todo el mundo decía, e investigar por sí mismo, le costó ciertos rechazos en determinados lugares. Sitios y personas que durante mucho tiempo lo recibieron con los brazos abiertos, aseguró muchas veces este hombre, empezaron a marcar distancias con él, quizás porque no está bien visto eso de que entre compañeros haya pensamientos discordante. El pensamiento independiente es algo que, en el rebaño, no agrada.

Por supuesto, el terreno literario tampoco se le quedó atrás a este erudito, ya que con sus diversos libros ahondando siempre en la psicopatía criminal, exploraba la mente humana como nadie. Tanto escuchándolo en sus intervenciones, como leyendo sus trabajos, uno realmente entendía lo que Paco estaba transmitiendo, incluso aunque fueses un profano en la materia. Eras capaz de entender algo tan complejo como la mente de un criminal, y además, prendía en tí la mecha y las ganas de seguir investigando por tu cuenta. Es más, estoy seguro al cien por cien, de que esa pasión transmitida por Abellán ha servido para despertar en muchos futuros y actuales criminólogos su pasión por esa disciplina. Y es que, en mi humilde opinión, pocas cosas hay más bonitas que ver cómo alguien se emociona contándote algo, sintiendo que realmente lo vive, no limitándose a transmitirte datos sin más.

Pese a su gran sabiduría, jamás perdió su humildad, jamás se creyó mejor que nadie, jamás exigió nada por ser quien era, ni alardeó en ningún momento. Era una persona sencilla, que disfrutaba con lo que hacía, y lo disfrutaba todo el día, no solo en horario de oficina. La criminología era su vida, literalmente. No le importaba tener que desplazarse cientos de kilómetros para tener que investigar un caso, no le importaba, incluso, tener que costearse por sí mismo todo lo que hiciese. ¿Por qué? Porque cuando a uno le apasiona lo que está haciendo, quiere seguir en ello cueste lo que cueste, sin reparar en nada más.

Hace poco se cumplió un año desde que nos quedamos sin este genio. Se fue de forma repentina, cuando todos aún esperábamos que nos siguiera sorprendiendo por muchas décadas. Pero, afortunadamente, vivimos una época en la que contamos con medios digitales que permiten reunir toda su sabiduría y poder escuchar de nuevo sus charlas, como si aún siguiera entre nosotros. Eso nunca se perderá, y será como si Abellán hiciese de profesor desde el más allá a futuros apasionados de esta disciplina.


Por último, sería imperdonable no mencionar a su hijo, Paco Pérez Caballero. Este es uno de esos casos en los que queda claro que Abellán supo contagiar a mucha gente su pasión por la criminología y la investigación, pero muy particularmente a su hijo. Es colaborador habitual de programas tan emblemáticos como Cuarto Milenio, ha escrito diversos libros que sin duda están a la altura de los que escribió su padre. En definitiva, un dignísimo sucesor de una eminencia como lo fue Abellán, y que sin duda mantiene y mantendrá vivo su legado. Como escuché hace tiempo, "nadie muere realmente si es recordado", y afortunadamente, todo el mundo recuerda y recordará siempre la huella indeleble que dejó Abellán en este mundo. Incluso, como acabo de decir, sus genes e ímpetu siguen vivos en la figura de Paco Pérez Caballero, que continúa, y continuará, por muchos años esperemos, compartiendo una pasión infinita.